Por Chomin Villaamil
La vida se trenza con los recuerdos. Conducía por ese camino serpenteante, casi de cuento, que sale de un bosque y se encuentra con la montaña, con el mar inmenso abrazando Colunga y La Isla. Y aparecían las primeras banderas y pronto la cabaña de madera llena de conversaciones del golf entre pinchos y cervezas.
Era un día espléndido, y la partida prometía. Adolfo, zascandil y apostador, lanzándole darditos a un Presi, presto a recogerlos y a jugarse la comida en el Hostal de Caravia. Quique, sonriente, siempre sano y buen jugador, y el que os escribe, haciendo el swing al revés, y preparándose para la presión que se avecinaba.
Salvo el hoyo 3, los cuatro primeros hoyos de la Rasa miran al mar, a Vega y a Ribadesella. Del 1 destacaría el segundo golpe, cuando has salido bien, con un nueve o pitching (ya estoy escuchando a mis compañeros de partida comentando la pocas veces que Chomin ha podido jugar un palo tan corto), a un green que solo puedes fallar corto y por la derecha. Pasarte y a la izquierda, boggey asegurado. A mí me gusta especialmente el 2. Tiene un diseño de open británico, largo, con calle amplia, plagada de árboles poco frondosos, que protegen casi todas las trayectorias de aproximación a un green pequeñito con caídas pronunciadas. Recuerdo ese día, pateando, y como en el mus cuando te permiten mentir con la boca, Adolfo y Luis Pablo no paraban de comentarse el uno al otro, las enormes dificultades que observaban en sendos putts pequeñitos que recíprocamente les quedaban. Acabaron entre risas de todos, fallándolos los dos.
Salimos en el hoyo tres, del tee de atrás. Los local players, ante mi asombro, lograban pegar hierros cortos, por encima del cauce de un riachuelo hacia un green que se ve como un castillo sobre un pequeño cerro. La partida discurría empatada, y como casi siempre, solo Quique iba jugando realmente bien. Habíamos llegado al hoyo 4, maravilloso par tres, o mejor dicho tres y medio, cuyo green endiablado es todo él un territorio de tres puts. Y hacia el 5, en el que dio un gran approach Adolfo, sin duda el golpe más bonito que se puede pegar en dicho hoyo: en el semi rough de la derecha, por encima de un valle-hendidura profundo en dirección a un green estrecho que se ve como una isla.
Y estamos en el tee del 6, mirando embobados al mar y Vega, y al horizonte, y se inician los chistes. Adolfo, los suele tener con temas golfísticos, y aunque sean malos, el los convierte en buenos. Y nos sentimos en la gloria. El Presi, con esa torsión de hombros que maneja, ha salido largo y centrado, y por supuesto Adolfo le anima a intentar llegar de dos. Luis Pablo, que de tonto no tiene un pelo, se lo piensa. Yo que era su compañero de partida le intimo a la prudencia. Y en esto Quique, comienza a aludir al valor y a la ausencia del mismo, y el riosellano, que realmente está deseando pegar la madera, no lo duda más. Y fue a green. Qué sonrisa. No cabía en sí. Hasta Adolfo le felicitó no sin antes referirse a la intervención divina que se había producido.
Ya estamos en el par tres, que se ataca por la izquierda, en la que hay escondidos duendes caprichosos, que a veces te tiran la pelota al green, y otras se la quedan para dejarte un aproach imposible con la bandera hacia ese lado. Aquel día los gamos del Sueve estaban a la izquierda del hoyo 8, en el que desafortunadamente me pasé de su green habichuela, y como siempre que ocurre eso, me aseguré un horrible double boggey.
Y prestos a jugar, sin duda alguna, el mejor hoyo de Berbes desde el punto de vista golfístico, un larguísimo par 5, con calle inclinada, riachuelo influyente, y green dificilísimo, que ya tenía el bunker y el agua a la derecha para disuadir al que quisiera entrar rodando. Había viento a favor, y el Presi, que había vuelto a salir bien, ahora ya sin reflexión alguna después de su éxito anterior, cogió su madera tres pretendiendo pasarse el riachuelo por la izquierda. El final lo imagináis y las carcajadas de los demás también. Adolfo, solícito, se acercó a él por si quería ayuda técnica sobre como tenía que hacer el dropaje con penalidad desde el agua frontal.
Y llegamos al hoyo 10. Este es el hoyo donde se juegan los campeonato de drive, y donde tus compañeros de partida te comentan el drive que dieron un día a un sitio increíble, por lo largo, y que en él último momento, para que no haya prueba del mismo, fueron sobrepasados, quitándoles el premio, por los que realmente los dan, Guillermo, Luis Bode, etc.. En fin, como no podía ser de otra manera, salimos empatados al último hoyo, en aquel tiempo el 11, y comenzaron a pasar las cosas clásicas. Luis Pablo sacó a relucir sus reglas presidenciales sobre cómo deshacer los empates a favor suyo, entablando una divertida discusión a propósito de las mismas con Adolfo. Quique para variar da un gran hierro cuatro y se planta en green. A un servidor, le suena el móvil, es su mujer Macarena: que me de prisa, que están los niños deseando verme.
Anoche soñé que volvía a Berbes. Por cierto, perdimos.